Cine / Crítica
La memoria salvífica
D. F. Destino final

El documental de Mateo Gutiérrez acerca de su padre, está realizado con amor, sencillez y profundidad. El film tiene el valor de una elaboración intimista para quién fuera víctima de los regímenes dictatoriales de Argentina y Uruguay.
La muerte trágica del parlamentario blanco, Héctor Gutiérrez Ruiz, junto a la entrañable figura de Zelmar Michelini, también asesinado en Buenos Aires, lugar en el cual se habían exiliado con sus respectivas familiares, se vuelven emblemáticos de un pasado muy reciente que aún tiene que sanear esas heridas, como también las de Rosario Barredo y William Whitelow y muchas otras.
Fueron “golpes como del odio de Dios” al decir de un poeta que evidencian el horror para con seres indefensos, que sólo apostaban a servir causas libertarias, respecto al devenir de los seres humanos en el pasaje por este mundo. El documentalista va mostrando la parábola que realiza su padre.
Comienza con el niño que fue en los pagos de Tacuarembó, donde recibiera una educación religiosa, esmerada. Prosigue con sus tareas como hacendado con la ayuda de un capataz que se interesa por formar al adolescente en su soledad. Luego vendrá el tiempo de su amor por Matilde, con quien se casa, logrando forjar una familia que lo apoya en sus ilusiones, en sus ideales, en su optimismo a toda prueba.
Siendo el Herrerismo su cuna política, los avatares de la misma política, lo llevarán a posiciones cada vez más comprometidas. Así luego de la disolución del Parlamento en Uruguay, en final vemos sus imágenes de hombre encorvado, pero muy seguro de sus decisiones; se exilia en la vecina orilla y se entrega de alma a la causa de la recuperación de la democracia uruguaya.
No pierde su frescura, su amor por el tango, las carreras de caballos, sus incursiones en el cine. Según su esposa, “Nos habíamos amado tanto”, de Scola, fue la última película que vieron juntos. El documental abre un espectro muy amplio de testimonios valiosos- Fasano, Arbilla, Volonté, Curbelo, Michelini, Sanguinetti, etc. – que acercan la figura de Gutiérrez Ruiz, logrando hacer reflexionar al espectador respecto de esos tiempos oscuros. Si bien se detiene en la personalidad de Wilson Ferreira con admiración, el joven cineasta cincela minuciosamente la figura de Zelmar Michelini, la fuerza magnética de sus palabras, y de su quehacer político. La conciencia de la tragicidad histórica se apoya en imágenes de archivo para darnos el entorno histórico-político de la instalación de las dictaduras del Cono Sur, o la visualización reiterada de los cadáveres de Toba y Zelmar en la morgue, la brevedad de sus sepelios realizados bajo un clima de miedo y opresión.
La sencillez de Matilde para contar su vida junto a su marido, se vuelve conmovedora en su austeridad.
Cuando se lo llevan de su apartamento, Toba dice el nombre de todos sus hijos, la voz de Matilde se quiebra en ese instante de dolorosa evocación.
Las vidas de Toba y Zelmar, de profunda entrega a las causas más justas, son como faros que iluminan el camino a seguir. De ahí que el silencio inundé la principal avenida el 20 de mayo todos los años; por ellos y por todos. P.M.
Fe de erratas
En la nota acerca del film “Matar a todos”, se deslizaron algunos errores. Donde dice: “El protagonista alega una ficticia persecución”, debía decir: “El protagonista alega una inminente persecución y muerte”, etc.
Donde dice: “se lo llevan a un balneario uruguayo”, debía decir: “se lo llevan a otro lugar de un balneario uruguayo… etc.”.
Donde dice: “declara alienada”, debió decir: “declarada alienada”. P.M
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25.4.08
Matar
a todos
Con un título ampliamente significativo, el realizador uruguayo Esteban Schroeder (“El viñedo”) se sumerge en un film político, que explora la búsqueda de la verdad, “la verdad que duele pero cura”. Con la apertura democrática, el famoso químico Eugenio Berrios, asesor de los servicios de inteligencia del dictador chileno Augusto Pinochet, tiene que escapar de su tierra, y Uruguay es la mira ya que está dentro del contexto del plan Cóndor. Las primeras imágenes silenciosas, muestran la figura de un hombre asilándose en una comisaría de un balneario. El protagonista alega una ficticia persecución, pero inmediatamente los militares uruguayos en connivencia con los chilenos, esgrimiendo “órdenes superiores”, se lo llevan a un balneario uruguayo, en el cual sobrevive hasta su trágico final. El film de Esteban Schroeder es un docudrama, una trágica historia basada en hechos reales, que se ficcionaliza.
El film continúa con la investigación emprendida por la abogada, asistente del juez (Jorge Bolani), una magistral actuación de Roxana Blanco (“Alma mater”), con la exposición desde el vamos, de todas las trabas posibles para esconder, cualquier prueba que le acerque a ese ominoso y encubierto personaje. Berríos utilizaba gases letales con las víctimas opositores al régimen pinochetista.
De aquí que un perrito de un chico uruguayo fuese víctima de uno de sus procedimientos. Es notable el encuentro de la abogada con la mujer de Berríos (gran actuación de la actriz chilena María Izquierdo), con su discurso entrecortado, en sus ojos fijos en el ayer, en sus repeticiones; declara “alienada”, dice las verdades más horrorosas respecto a una suerte de “química-biológica utilizada para torturar por el químico.
Julia –la abogada- pertenece a una familia de militares; su padre “el general” (notable Walter Reyno) sabe muy bien el paradero de Berríos, pero quiere alejar a su hija de esta investigación. También su hermano (César Troncoso) es militar y está embuído en esta siniestra trama. El enfrentamiento con su familia está muy bien logrado en el film. Sólo su marido y un exguerrillero argentino (Darío Grandinetti), que tiene que ver con su pasado revolucionario, la apoyan en su búsqueda de verdad y justicia. Cuando las piezas se están acomodando, “de facto” se cierra la investigación con una mentira, que la imagen y la palabra revertirán tiempo después.
Este film multipremiado en diferentes festivales, San Sebastián, Nueva York, Biarritz, Canadá, en La Habana por su guión y la actuación de Roxana Blanco, es un documento fílmico mayor que deja al espectador con múltiples interrogantes, en ese interjuego histórico entre pasado y presente, en el cual nos sumerge y se sumerge como correlato objetivo la investigadora en su tenacidad, en su necesidad de catarsis.
PM
4.4.08
Matar a todos: realidad y ficción un sólo camino
El director uruguayo Esteban Schroeder es el responsable de “Matar a todos”, la película que narra los acontecimientos que ocurrieron en torno al químico chileno Eugenio Berríos, figura destacada de la dictadura chilena que encabezara Augusto Pinochet.
“Es una obra que pretende hacerse un lugar en la expresión cinematográfica latinoamericana. Es una película histórica y atemporal a la vez. Narra una historia pasada pero interroga sobre nuestro futuro”, dijo Schroeder.
La historia es contada “desde un testimonio de vida, el de una mujer que teme haber sido engendrada por el demonio, pero a la vez, teme por perseguirlo. Una mujer que sabe que “el pasado es lo que más cambia” y que sabe también, que necesita resolver su pasado para construir su futuro”, dijo el realizador.
“Es mi primer proyecto de largometraje. Es también un acto de sanación individual. Conocí la prisión política y la muerte de seres muy cercanos por las peores circunstancias de la historia política reciente del conosur latinoamericano. Creo tener el coraje para hacer esta película –una película de asesinos de asesinos- pero, una película que insistirá en la esperanza. Creo que compartir nuestras tragedias y lograr universalizar nuestros relatos, nos hace ser mejores individuos”, afirmó el director.
Cine y realidad
Un hombre huye por el bosque de un balneario uruguayo. Se refugia en la comisaría del pueblo y, desesperado, denuncia que ha sido secuestrado, que van a matarlo, que es chileno y que su nombre es Eugenio Berríos (Claudio Arredondo). Pero inmediatamente se presentan dos militares de los servicios de inteligencia, un uruguayo y un chileno, con “órdenes superiores”, quienes logran llevarse al fugitivo.
La denuncia llega a la abogada Julia Gudari (Roxana Blanco), asistente del juez Santa Cruz (Jorge Bolani). A medida que avanza en la investigación, Julia descubre que la policía ha pretendido borrar todo rastro del caso. Desde la embajada de Chile tampoco encuentra respuesta: no hay registros del ciudadano chileno que hizo la denuncia y el médico que lo atendió, fue misteriosamente asesinado en una rapiña.
El Plan Cóndor, la alianza creada entre los servicios secretos de las dictaduras latinoamericanas, en el marco de la Guerra Fría, vuelve a manifestarse, aunque los países vivan en democracia. Julia comienza a desentrañar una historia sórdida, relacionada con la fabricación de armas químicas y biológicas, que la involucra directamente: tanto su padre, el General Gudari (Walter Reyno), como su hermano, el Capitán Iván Gudari (Cesar Troncoso), forman parte de la trama para ocultar a Berríos, un hombre que “sabe demasiado”, y harán todo lo posible para alejar a Julia de la verdad.
El elenco está compuesto por actores de Argentina, Chile y Uruguay: Patricio Contreras (Jiménez), Dario Grandinetti (Alejandro), Maria Izquierdo (María Morris), Juan Bonaudi (Pedro), Guillermo Caraballo (Nico), Arturo Fleitas (Robaina), Alma Cláudio (Rosa), Gabriel Ferreira (Agente), Walter Etchandy (Comisario), Laura Baranzano, Alejandro Paz, Graciela Gelós.
Matar a todos ganó el premio del público TV5 del 12vo Festivalissimo, "festival de films iberolatinoamericains de Montreal" en Canadá el cual se realizó del 12 al 27 de marzo del presente año.