Jueves, 26 Diciembre 2019 15:09

Un viaje de todos

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La transición hacia el nuevo gobierno ha comenzado. Desde el gobierno saliente como del entrante, han aparecido elogios a la forma que está teniendo la llegada de los integrantes electos como de éstos, la información que han recibido por parte de las autoridades en funciones. 

Este panorama, sumado al acontecimiento que tuvo lugar con la visita de los presidentes saliente, Tabaré Vázquez, y el electo, Lacalle Pou a Buenos Aires, con motivo de la asunción del presidente Alberto Fernández, puso un toque de atención sobre la calidad de la democracia uruguaya en un continente enfermo de corrupción, desigualdad, pobreza y marginación.

Todos debemos estar muy orgullosos de esa cualidad tan uruguaya, y no solo debemos hacer acciones para seguir en ese sentido, sino además, incrementar de todas las maneras posibles la idea de que solo a través del entendimiento es posible crecer y mantener una sociedad unida detrás de los valores de la tolerancia, la democracia y la pluralidad.

No hace mucho tiempo -viendo en la perspectiva histórica- también los uruguayos sufrimos de intolerancia y tiranía. No es bueno olvidar que eso ocurrió y no hace mucho, y el daño que produjo.

En ese sentido, la lección democrática en que el presidente saliente invita al entrante a participar de un acto en representación del país, no es un hecho menor. Y es justicia admitir, que tanto Vázquez como Lacalle Pou, obraron en armonía con ese mandato de democracia y tolerancia.

Estos hechos marcan la política. El simbolismo que encierran generan en la gente admiración y orgullo de que un país como Uruguay, sin pretensiones, genere un gesto que fue comentado con agrado y ampliamente en varios lugares del mundo.

Como decíamos, la transición camina firme y segura. En febrero asumirá el nuevo parlamento y el 1º de marzo Lacalle Pou será el presidente de todos los uruguayos.

Atrás deberán quedar las consignas de la campaña electoral, los fáciles argumentos, los ataques, todo lo que hace a un período de contienda en busca del voto. Ahora se trata de trabajar y hacer crecer nuestra economía. Esa es la tarea de todo gobierno, la generación de desarrollo, inversiones, trabajo y crecimiento y que el producido de esas acciones sea vertido de la manera más equitativa entre todos los uruguayos. Y en este punto es bueno detenerse, la distribución de la riqueza, forma más o menos conocida que alude al reparto entre trabajadores, empresarios, y el Estado de los resultados económicos, es siempre, vuelvo a decirlo, siempre, la llave de paso que genera bienestar o por el contrario, descontento y conflicto.

En las sociedades menos igualitarias, el descontento con su situación es permanente, la conflictividad se expande y el tejido social se vuelve cada vez más permeable al delito. Esto que es muy claro, es fácilmente comprobable con solo mirar el mundo. Allí, donde la equiparación razonable de la distribución de los bienes obtenidos es menor o casi inexistente, la lucha, los conflictos, y el delito, son permanentes.

Parece muy fácil, es casi una receta. Pero en el fondo lo que todos aspiramos es tener una vida lo más disfrutable posible, y que cada uno con su esfuerzo, logre las metas que se ha propuesto.

En un país como el nuestro donde sobra espacio para poder trabajar, un buen gobierno debería tener algo de esto en sus propósitos y en sus acciones ha futuro.

En buena medida, el nuevo gobierno debería acercar sus acciones para lograr esa mejora -nunca es suficiente-, en la calidad del reparto de la riqueza. Hay mucho por hacer en ese sentido. Lacalle Pou tiene la ocasión de poder llevar este gobierno tan pluripartidario, por un camino diferente y de mejora de la calidad de vida de los uruguayos.

Pero también deberá tener buena mano para alejar las tensiones que, desde grupos de presión tratarán llevar para acá o para allá la dirección económica de su gestión. Esa lucha es la más difícil, allí es donde se templa la determinación y el sentido de una gestión gubernamental.

El país ha quedado, según los números electorales, en dos mitades. Omitamos la palabra “dividido”, no es buena para lo que venimos diciendo. Y tampoco será bueno el resultado, si en la gestión que comienza en marzo, olvidamos que la otra mitad existe. Esa búsqueda de consensos deberá ser permanente para evitar que esa mitades no intenten en la dinámica diaria, buscar atraerse como lo hacen los imanes.

Desde este rincón, solo deseamos que esa pulseada permanente que es la gestión del gobierno, sea fructífera para los uruguayos, que alejemos lo peor, busquemos el acuerdo, olvidemos la rencillas de la campaña, pensemos que esto es una tarea en que todos ponemos algo y lógicamente, en este viaje estamos todos en el mismo barco.

Además, queremos manifestar que damos una carta de confianza a que la nueva administración atenderá éstos y otros asuntos que hacen a la pública felicidad, como decía Artigas.

La fiestas están a la vuelta de la esquina, brindaremos para que el 2020 sea un buen año, para que la violencia hacia las mujeres desaparezca, para que haya más trabajo, para que no empecemos a “revisar” hacia atrás y dejemos de mirar adelante y para que los lectores que nos siguen, tengan una nueva dosis de paciencia y buena voluntad, y continúen allí, porque sin ellos, nada es posible.

Me voy que se me calienta la sidra...

Viejo Vizcacha