Lunes, 08 Mayo 2017 11:54

Alerta: Jóvenes en peligro

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Esto no es un juego. Lo que se denomina La ballena azul no puede ser considerado como juego porque el premio es el macabro suicidio. La alarma pública se desató en nuestro país luego de constatarse el primer caso aparecido en la ciudad de Rivera, donde una joven que se había tatuado una ballena en su antebrazo con la hoja de un sacapunta, fue encontrada llorando en el baño del liceo.

Como es de conocimiento, el mal llamado “juego” se inicia con la aceptación de parte de jóvenes –en su mayoría adolescente o incluso pre adolescentes-, a participar en una ronda de 50 desafíos a cuál de ellos más nocivo. El último sería la autoeliminación del participante. La gravedad de esta práctica tiene varias condicionantes que en su mayoría se expresan a través de la “manipulación” de un coordinador o guía, ubicado fuera de nuestro país, que busca a los adolescentes que estén más débiles, pasando por un momento de depresión, confusión existencial, etc. Ellos serán las víctimas. En el momento se han detectado en nuestro país siete casos relacionados con la ballena azul. Todos ellos bajo control médico y fuera de peligro. La ocasión es lamentable pero propicia para hacer una reflexión sobre la condición en que muchas veces están viviendo nuestro hijos o nietos. La soledad, la falta de controles, de presencia familiar y de conducción por parte de los padres o familiares, es la situación más propicia que les damos a estos “administradores” para ocupar en la personalidad de los jóvenes, el lugar que deben tener los padres. Este juego que no lo es, es una alerta feroz y salvaje para ocuparnos del tema. Las cifras de suicidio en jóvenes en nuestro país son muy elevadas. La adolescencia es una etapa de difícil tránsito para muchos en donde siempre la presencia, la dirección y la conducción no pueden estar en ausente. Las opiniones de expertos que han aparecido por distintos medios hablan de ello. Los padres no pueden no estar presentes en el día a día, hora en hora en la compañía, y en interés por lo que hacen los hijos. Nada puede ser más importante que tener tiempo para sentarse con ellos a conversar, saber qué quieren o esperan, con quienes se comunican, pero no desde la censura o la represión, desde el diálogo, los afectos y los consejos. Aquellos padres que no puedan con la situación deben inmediatamente ponerse en contacto con un médico psiquiatra para que ayude y evalúe la situación. Lo repugnante y burdo de la práctica que implica “jugar” a eso que no es un juego, debe ser sometido a la conversación entre padres e hijos. Los padres deben saber en dónde y con quienes comparten información en las redes sociales. Y en eso no puede haber secreto. Las víctimas tienen entre 10 y 15 años. No podemos permitir que esto tan tonto y tan peligroso para los más jóvenes, nos pueda más. Daniel Rovira Alhers
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Modificado por última vez en Lunes, 08 Mayo 2017 11:58
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