Cuento infantil
El tigre bueno del Yabebirí
El mes de agosto es el mes de los niños en nuestro país. Como homenaje a todos ellos, publicamos en esta ocasión el cuento escrito entre Alejandra de 7 años y su padre, nuestro editor Daniel Rovira. En el trata la autora de reivindicar a los tigres que, pobres, siempre son los malos en todas las historias. Además, el cuento, tiene una referencia clara a una historia imaginada por el inmortal escritor uruguayo Horacio Quiroga.
Ocurrió una vez, que Diego, el tigre, estaba echado placidamente, tomando una siesta a la sombra de un enorme árbol cerca de su cueva, cuando un amigo lo despertó y le dijo:
- ¡Diego! ¡Despierta! Tenemos que atacar al hombre que es cuidado por las rayas.
Diego abrió los ojos y con su pata se restregó el hocico con pereza.
- ¿Cómo?, le preguntó el tigre somnoliento.
- Tenemos que atacar al hombre porque dos de nuestros hermanos fueron lastimados por las rayas y por él.
En ese momento, Diego se puso de pie. Miró a su amigo con curiosidad, y le dijo:
- ¿Por qué habré de atacarlo? Yo nunca vi a ese hombre, ni me hizo daño.
El otro tigre, bastante ofuscado le respondió.
- ¡Escucha! Te digo que atacó a dos hermanos, ¡ya es suficiente! ¡Vamos!
- ¡Espera! ¿Cuál es el apuro?, contestó Diego. ¿Dónde ocurrió lo que me cuentas?
- Cerca, en una isla a orillas del Yabebirí, le dijo el otro tigre. Muchos hermanos se están concentrando para ir todos juntos a darle muerte al hombre y a unas cuantas malditas rayas.
- Oye hermano; no acepto el viaje.
- ¿Cómo?
- Ese hombre no me ha hecho nada. Y menos las rayas.
- ¡Pero te lo harán!
- No hermano, mientras tú te cuides y no te metas en las cosas de los demás, nadie te hará daño.
- ¡Son nuestros hermanos!
- Sí, claro. Pero también nuestros hermanos se pueden equivocar. Oye; voy a seguir durmiendo la siesta. ¿Te quedas o te vas a matar hombres y rayas?
El tigre que hasta ese momento estaba molesto con el poco entusiasmo demostrado por Diego, permaneció quieto mirando a su amigo perezoso.
- ¡Ah, hermano! Me olvidaba. Si vas, tal vez salgas lastimado…, le dijo Diego falsamente preocupado.
El otro tigre pensó un poco más, mientras Diego volvía a darse vuelta sobre sí mismo, pronto ya para seguir durmiendo.
Pocos instantes después, debajo de la enramada, dos tigres dormían la siesta placidamente.
Alejandra & Daniel Rovira

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