Mujeres de Rosario generan su trabajo
Codemur: Cosiendo el futuro

Unas en bicicleta, otras a pie, un grupo de mujeres de 40 a 60 años cruzan esta ciudad uruguaya cada mañana hacia Codemur, la planta de confección de ropa surgida de los despojos de una fábrica abandonada por sus propietarios cuando consideraron que ya no generaba suficientes ganancias.
Son parte de la ex plantilla de las otrora pujantes firmas Sirfil y Drymar que ahora se reparten entre las que van a la nueva sede cooperativa, para producir, administrar y hacer negocios, y las que siguen hasta el viejo galpón de la fábrica desactivada para turnarse en su custodia. Es que lo debieron ocupar para evitar su venta y el retiro de las máquinas, pero aún no lo pueden usar.
Por esa razón Codemur buscó otro lugar y así echó a andar en enero en un salón grande con ventanas a la calle, ubicado a dos cuadras del principal paseo público de la sudoccidental ciudad de Rosario y cedido por el empresario local Jaime Goldansky, que fue quien les encargó el primer pedido de casacas y delantales.
"Las empresas compran los equipos (uniformes) de invierno antes que termine el verano. Vamos un poco atrasadas, pero estamos activas, que es lo que nos importa", dice con optimismo Cristina Perdomo, portavoz de Codemur (Cooperativa de Mujeres de Rosario), al explicar a IPS el modo de operar de esta experiencia laboral solidaria.
Y mientras algunas de las cooperativistas diseñan, cortan y cosen, otras se turnan en la ocupación del edificio de la antigua fábrica, para que no se apague la llama inicial de lucha por el lugar de trabajo que las reunió y les mostró el rumbo a seguir en la recuperación de la empresa.
Por el momento sólo hacen ropa de trabajo y camisas, porque "las máquinas que tenemos por ahora no nos ayudan para telas finas. Para una segunda etapa pensamos comprar otro equipamiento, pero son trámites que llevan su tiempo", añade esta obrera textil de 57 años y larga experiencia en el oficio.
"¿Cómo es trabajar sin patrón?", pregunta IPS, y Perdomo, sin vacilar, apunta que "se aprende". "Lo que más nos costó fue organizarnos", admite, a la vez que no oculta "que todavía tenemos que hacer otras tareas afuera, costuras o limpiezas domésticas, porque todavía no nos da económicamente".
Perdomo sonríe cuando IPS le pregunta qué fue de los dueños de Sirfil y Drymar. "Nunca más les vimos la cara... De vez en cuando mandan a un abogado", contesta.
"Ellos nunca pensaron que íbamos a tomar la fábrica, creerían que todas nos íbamos a cansar, pero acá seguimos algunas. Queremos cobrar el dinero que nos corresponde y no aflojamos", enfatizó, en alusión a la abultada deuda salarial que tienen los empresarios con ellas.
Luis Alberto Carro (IPS)

|