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24.6.10
 
 

75 años de su muerte

Gardel, un sueño colectivo

Como todos los 24 de junio recordamos este infausto acontecimiento en aquel lejano año 1935, donde el Mago muere en un accidente aéreo en la ciudad de Medellín, Colombia.

A pesar de los pesares, Carlitos está más vigente y vibrante que nunca. Que el Mago revive constantemente es un axioma histórico. Se suceden las generaciones, la vida va cambiando en todos sus órdenes, pero la magia del Invicto sigue imponiéndose.

Es un fenómeno único de permanencia y expansión. Es un milagro de trascendencia más allá del tiempo y el espacio, porque fue uno de esos grandes que pasan por encima de todas las épocas y junto a su reconocimiento universal lo hace eternos.

Canta con el “cuore” y el sentimiento que expresa de emoción, ternura y reciedumbre conmueve a todos aquellos que lo valoramos y lo disfrutamos en lo más íntimo de nuestro ser, más allá de que nos hayamos o no encontrado en su tiempo.

Su voz sigue siendo la guía musical en que se constituyó la esencia de los distintos estilos del tango. Logró armonizar en sus interpretaciones la música con la poesía de las letras, cantando e interpretando a la vez. Fue el creador de una manera de cantar que impuso su sello a las demás generaciones de cantores, no siendo nunca superado.

El querido Paco Espínola escribió a propósito de Gardel: “que tal vez no halla en la lengua española, un actor o cantante que supere su escrúpulo en la articulación de los vocablos. Al triunfar en cada medio que actuó, no se sometió a la sensibilidad de ninguno de ellos. Los sometió a todos. Pocos hombres conozco yo que hayan cambiado menos. En él no hay cambio, hay evolución. Y esta si, incesante hacia el perfeccionamiento del artista y del ser entero.”

Gardel fue más un sueño colectivo que un hombre de carne y hueso, y tal vez ese sueño sea el que más importe, porque el mito termina por ser la realidad. Mito que el propio Gardel se ocupó de alimentar, dando pistas desconcertantes que hacen aún más misteriosa su existencia. Su lugar de nacimiento, sus mujeres, sus amigos, son los fantasmas del verdadero Gardel y en realidad lo que la gente quiso inmortalizar, el mito y el hombre.
Eduardo Caétano

 
 

 

 
 

 

 
     
   
   
   
   
   
 
 
 
 

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