edición en papel
 
 
23.7.10
 

 

Historias de tango

 

Fernán Silva Valdez

 

Parece extraño que vengamos a escribir sobre nuestro gran poeta nativista y no nos refiramos al poeta y escritor de valiosas páginas del terruño.


Nuestro escritor nació en Montevideo el 15 de octubre de 1887 y su barrio fue la Ciudad Vieja, habiendo vivido gran parte de su vida en la calle Uruguayana y Bvar Artigas en una coqueta casa de estilo español que aún se conserva. El autor de “Ánforas de Barro”(1917), su primer libro de versos y “Humo de inciensos”, declaró en algún momento de su trayectoria que su mirada estuvo enfocada al viejo continente y más precisamente a París, cuando reaccionó y se dio cuenta que había ignorado las cosas de la tierra, “pero la misma tierra me salvó a su debido tiempo”, confesó, “…. comprendí que todo lo anterior era artificial, mi vida y mi poesía venían del pasado, de mis antecesores y de esa infancia y adolescencia vividas en Sarandí del Yí”.

En 1921 emergió sorpresivamente con “Agua del Tiempo”, cuando en el ambiente se vivía una verdadera crisis del criollismo mientras que en sus versos se hablaba del campo, del rancho, de los pájaros, de nuestro cielo. También fue autor de otros libros en género como el teatro, cultivando una importante y vasta obra en prosa.
Pero también Silva Valdez fue sensible hacia las manifestaciones populares y especialmente el tango. Escribió letras de excelente valor como “Agua Florida” (1928) con música de nuestro compatriota Ramón Collazo. En 1928 lo registró Luis Petrucelli con su orquesta para el sello Víctor y se estrenó con la letra el mismo año en la voz oriental de Alberto Vila. Posteriormente en 1941 lo grabaron los dos Ángeles: D´Agostino, con la voz de Ángel Vargas para el mismo sello

Agua Florida
Agua Florida, vos eras criolla/te usaban las pobres violetas del tango/de peinados lisos como agua e´laguna, /cuando se bailaba alegrando el tango /con un taconeo y una media luna. /perfume del tiempo taura que pasó, /pues todo en la vida ha de ser así, /cuando las percantas mentían que no /mientras las enaguas batían que si.

Chinas, /sencillas y querendonas, /que al son de las acordeonas /bailaban un milongón.

Chinas, /que oliendo a agua florida /se metían en la vida /a punta de corazón.

Agua florida, vos eras criolla /de cuando una viola tocaba de prima /y otras le cuarteaban dando la bordona, /y un ramo de taitas era cada esquina, /y la vida era linda y guapetona.

Vos eras del tiempo del gacho ladear, /de la mina airosa anclada al bulín, /del lazo en el pelo, del percal floreado /y de la academia y el peringundín.

Para aclarar dos términos que usa el autor en la letra que precede diremos que:
las academias fueron salones de recreo en Buenos Aires y en Montevideo en la segunda mitad del siglo XIX donde grupos musicales integrados por guitarras, mandolinas, flauta, acordeones y otros instrumentos, interpretaban distintos ritmos musicales de la época como mazurcas, cuadrillas, valses, polcas y fundamentalmente milongas y ya entrado el siglo XX se designó de la misma manera a esos locales donde se bailaba y se enseñaba la danza del tango.

En cambio los peringundines eran bailes públicos, de baja jerarquía.
En otra línea compuso “Clavel del Aire” (1929), con música de Juan de Dios Filiberto y que grabó Carlos Gardel, pero que fue estrenado por Tania en la espléndida temporada que los hermanos Discépolo realizaron en el Teatro Argentino (1929)

“Clavel del Aire” fue interpretado por famosísimos cantantes como Juan Arbizu, Tito Guizar, Pedro Vargas, Alfonso Ortiz Tirado y Libertad Lamarque. Esta composición se puede definir como un canto nativista y campero, pero este estilo no perduró en el tango. (Continuará)
Eduardo Caétano


 
 

 

 
 

 

 
     
   
   
   
   
   
 
 
 
 

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