Lunes, 10 Mayo 2021 10:31

OPINIÓN - Educación para el mundo del trabajo

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Políticas Públicas inclusivas con enfoque de calidad y pertinencia que garanticen la equidad y aseguren la empleabilidad. 

El presente artículo pretende contribuir a un proceso de reflexión sobre la vinculación que existe entre la Educación y el Trabajo, un fenómeno que en lo personal denominamos Educación para el Mundo del Trabajo, lo cual podemos resumir como un puente entre la formación curricular tradicional y la capacitación laboral necesaria para desempeñar una función u ocupar un puesto de trabajo, este puente lo podemos denominar como Formación Profesional de forma actualizada, para lograr incrementar los niveles de inclusión social, pues tanto la educación es un vehículo fundamental para la inserción en el mercado laboral y el trabajo es el mayor elemento de socialización posible desde un enfoque antropocéntrico. Para esto es necesario diseñar políticas públicas activas en la materia que logren generar círculos virtuosos que potencien las sinergias existentes entre ambos mundos, el educativo y el laboral, permitiendo así alcanzar la verdadera justicia social que genera la equidad interna y externa del sistema institucional, ya que la igualdad no es sinónimo siempre de trato adecuado a cada ser humano, pues no todos se encuentran en las mismas condiciones de partida. Debemos poder llegar a poner en marcha sistemas nacionales eficaces y eficientes en materia de educación y empleo, seguimos en un país plagado de planes, programas y proyectos pilotos que no logran sostenerse en el tiempo y tampoco articulan adecuadamente entre ellos, además seguimos replicando institucionalidad de forma injustificada, cada día se crean más organismos e iniciativas, que terminan superponiendo permanentemente sus funciones y acciones. Las personas necesitan poder ejercer sus derechos, el deber de la sociedad es exigir al Estado que cumpla con estos cometidos esenciales, es hora de repensar el funcionamiento de ciertas áreas estratégicas del país, no porque estemos en medio de una crisis, sino porque aún tenemos paz social, es decir existe el ambiente de convivencia necesario para poder realizar cambios profundos y duraderos, consensuados entre los actores sociales, sin sectarismos, ni sectorialismos. Este párate mundial donde la administración de gobierno llegara casi a dos años de inactividad, debe ser un despertador, un llamado de atención de que quizás sea el último momento que le ofrece la historia al país para pasar por lo menos al segundo mundo y salir del tercer mundo del cual pareció a principios del siglo 19 presumió en esa pasada Belle Epoque diferenciarse, para quedar suspendido en el tiempo, al menos en las temáticas a las cuales hacemos referencia, en otras los avances quizás existieron pero no derramaron, estamos lejos de un efecto cascada, ni multiplicador de oportunidades. Cada día más nos estamos alejando de los estándares internacionales mínimos de calidad, ya que los países pequeños no deben apostar a la cantidad en nada, sino a la calidad en todo, ese a de ser el eslogan nación, pequeños pero buenos, mucho se intentó, poco se concretó, pero no alcanza, puede y debe rendir más, como en el carnet de escolar, lo importante es pensar que lo mejor está por venir, la utopía no puede morir, solo deben proponérselo quienes toman las decisiones. Y aquí es cuando mas énfasis cobra la idea de ser buenos gestores y no solo buenos administradores, deben crear una nueva arquitectura institucional, es decir deben pensar en una reingeniería de la administración de gobierno y poder, ya que gestionar es un nivel superior y de mayor complejidad al de administrar, solo deben tener la capacidad de cambiar el paradigma vigente el cual esta absolutamente perimido y obsoleto. Es necesario lograr aplicar nuevas herramientas que sean realmente revolucionarias, deben replicar experiencias exitosas pero ajustadas a esta realidad y no traspolar modelos cerrados para implementarlos aquí como en su lugar de origen donde lograron ser exitosos. Aun están a tiempo para cambiar, ya que el subdesarrollo es más consecuencia de un elemento psicológico colectivo, que impide a las sociedades el embarcarse en un proceso de cambio cultural, que un factor económico determinante exclusivamente en términos ortodoxos, como se suele aludir habitualmente, pero seguimos sin un modelo de desarrollo integral y con un sistema clientelista de asignación de recursos, los menos calificados son los premiados y los más calificados son los desterrados, parece que vivimos en el mundo del revés, si la emigración de jóvenes calificados se detuvo, solo fue por producto de la pandemia que detuvo la movilidad mundial, pero cuidado que perder el capital humano de una nación, es mucho más valioso que perder el investment grade¡

Prof. Lic. Nelson Simatovich